martes, 14 de diciembre de 2010

UNA MUNICIPALIDAD EN “STANDBY”

Si pasa usted por la Plaza de Armas en cualquier momento de la mañana y mira el reloj de la fachada de la Municipalidad verá que marca las 12 horas y siete minutos. Si vuelve a pasar usted por la tarde y dirige su mirada hacia el lugar indicado comprobará que el reloj sigue marcando las 12,07. Y si repite el mismo ejercicio a cualquier hora de la noche se dará cuenta de que, ¡oh, milagro! las manecillas del reloj siguen situadas en el mismo lugar que ayer, anteayer, hace varias semanas y hasta meses. Señalar siete minutos más de las doce parece ser su inamovible destino.

Que un reloj se detenga no es algo excepcional. Cuando eso sucede, lo más normal es arreglarlo y que siga cumpliendo su función. No ocurre así en este caso. Seguro que tampoco para él hay presupuesto. Ahora bien, tengo la impresión que el problema no es la parada del reloj, sino de la municipalidad en la que está situado. Ambos están en “standby”, es decir, “en espera”. Parece que algunos alcaldes que no han sido reelegidos piensan que su responsabilidad terminó el 3 de Octubre, aunque sigan cobrando hasta el 31 de diciembre. ¿Por qué digo esto? A los hechos me remito. Un paseo por las calles de Celendín pone ante nuestros ojos basura por todas partes, calles cortadas por obras particulares, veredas y pistas ocupadas por vendedores ambulantes y fijos, tráfico caótico, varios días sin agua sin que se nos dé ningún tipo de información, negativa a cualquier tipo de ayuda… ¡Qué desastre! Hay una falta de orden y de autoridad total. Un dato más es la despedida de sus puestos de trabajo de un buen número de personas. En esto hay que lamentar que en algunas municipalidades distritales (no sé si también en la provincial) se ha comunicado a los profesores contratados por la municipalidad que no hay presupuesto para diciembre, por lo que tienen que adelantar el fin de curso con el consiguiente perjuicio que eso ocasiona a los jóvenes estudiantes. Estamos seguros que el presupuesto sí dará para el cobro de alcaldes y regidores, aunque lo primero perjudique a cantidad de alumnos y lo segundo sólo a los señores elegidos por el pueblo no precisamente para actuar así. Y lo peor es que dentro de 4 años algunos de ellos volverán a presentarse con hermosos discursos con los que pretenderán convencernos de su enorme interés por la niñez, la juventud, la educación y lo responsables que son en el manejo de los bienes comunitarios.

Según se comenta, el todavía alcalde provincial dice que se siente traicionado por los electores. Más bien habría que plantearse quién ha traicionado a quién. Había dudas sobre quién sería el más votado, pero era claro que el actual no iba a ser reelegido. Y hay razones para ello. Voy a atreverme a hacer una crítica no para ir contra nadie o hacer leña del árbol caído, sino para que el próximo alcalde no cometa el mismo error. No me voy a fijar en las obras hechas o por hacer, aunque algunas sean aún un quebradero de cabeza, como la del Mercado Modelo, del que se han publicado tantas cantidades diferentes por parte de los mismos gestores y se nos han dado tantas fechas para culminarlo, resultando ahora que no está garantizado su presupuesto. No se inquieten, pues pronto aparecerá un conocido congresista, cuyo apellido comienza por la letra “r” (igual que “risa”), que vendrá de nuevo a intentar hacernos creer que, gracias a sus gestiones, todo está más que resuelto. Pero, como digo, dejemos las obras a un lado y fijémonos en las formas. Un alcalde debe liderar a su pueblo y gobernar no sólo para el pueblo, sino contando con él, animándolo a participar, a implicarse. Eso no se ha hecho en esta legislatura. Hay que predicar con el ejemplo y ni el acalde ni la mayoría de los regidores han potenciado la participación organizada de la sociedad civil, ni se han hecho presentes con continuidad en espacios de encuentro, como la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza, los Presupuestos Participativos y hasta la elaboración del Plan de Desarrollo Concertado. Los mismos regidores son testigos de una forma de gobierno personalista, donde su opinión no ha sido tenida en cuenta. Esto nos lleva a dudar de la capacidad democrática de algunos dirigentes. Ojalá se aprenda de los errores y se pueda corregir esta falla en el próximo gobierno municipal.

Aunque el reloj siga detenido, el tiempo sigue su marcha inexorable. Estamos en puertas de Navidad. Los cristianos nos disponemos para recibir a Cristo, que acude a nuestro encuentro cada día para llenarnos de vida. Pongámonos las pilas para que no nos pase como al reloj y comprometámonos con Jesús en hacer posible un mundo donde reine la justicia y la paz. Celendín se beneficiará de ello.
Antonio Sáenz Blanco

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